{"id":165,"date":"2021-08-27T17:58:13","date_gmt":"2021-08-27T17:58:13","guid":{"rendered":"https:\/\/aladeriva.bluezone.mx\/?p=165"},"modified":"2023-04-02T18:31:39","modified_gmt":"2023-04-02T18:31:39","slug":"espacio-liminal-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aladeriva.bluezone.mx\/index.php\/2021\/08\/27\/espacio-liminal-1\/","title":{"rendered":"Espacio Liminal (1)"},"content":{"rendered":"\n<p>C<em>uando me contaron sobre el concepto de los Espacios Liminales, qued\u00e9 encantado. No sab\u00eda que, durante toda mi vida, hab\u00eda perseguido esos lugares. Quer\u00eda expresar su misticismo a trav\u00e9s de una historia, as\u00ed que comenc\u00e9 con este cap\u00edtulo y, despu\u00e9s, ya no supe hacia d\u00f3nde llevarlo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La fotograf\u00eda de portada la tom\u00e9 cuando paseaba por las calles solitarias de una ciudad sumida en la noche. Sol\u00eda hacerlo mucho y ahora entiendo mejor por qu\u00e9. Era una \u00e9poca en la que me sent\u00eda apartado y me atra\u00edan los espacios liminales.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n\n<p>Es noche cerrada y el sonido de las llantas contra el asfalto y de la calefacci\u00f3n me han estado arrullando desde que retomamos el camino. El aroma a caf\u00e9 de m\u00e1quina y al perfume de Rosa flotan en el aire atrapado. Ya deber\u00eda estar acostumbrado a al menos uno de esos dos olores.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis p\u00e1rpados caen con lentitud cada doscientos o trescientos metros, hasta que las luces de los otros autom\u00f3viles nos impactan, regres\u00e1ndome a la realidad; es un c\u00edrculo vicioso que comienza a poner a prueba mi paciencia. Cierro los ojos. Luz. Separo los p\u00e1rpados, con una inspiraci\u00f3n profunda. Estoy seguro de que no falta mucho para que pierda mi completa conexi\u00f3n con el planeta y me hunda en la m\u00e1s profunda oscuridad, pero mientras esto sucede, la carretera se divierte jugando con mi sistema nervioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Maya, tras el volante, emite un suspiro al mismo tiempo que unos faros pasan junto a nosotros y me obligan a despertar. Mis ojos observan c\u00f3mo extiende su mano y enciende la radio, arranc\u00e1ndole palabras a la nada: \u00ab&#8230;y si tuviera que hacerlo en veinte ocasiones\u2026\u00bb. Cambia de estaci\u00f3n: \u00ab&#8230;el clima para ma\u00f1ana\u2026\u00bb. Una vez m\u00e1s. \u00abSon las doce y cuaren\u2026\u00bb. Intenta de nuevo y lo \u00fanico que recibe es est\u00e1tica. Golpea el aparato con la mano y, acto seguido, lo apaga. Repite este ritual casi cada media hora desde que Cristian cerr\u00f3 los ojos y su respiraci\u00f3n se volvi\u00f3 lenta y acompasada. A pesar de que me gustar\u00eda saber qu\u00e9 espera escuchar en el viejo cacharro, las fuerzas no me alcanzan para preguntar. Tal vez ma\u00f1ana lo averigue.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cierro los ojos, esperando que esta vez nada me despierte. Siento que mi cabeza golpea el hombro de Adri\u00e1n. Entonces me pierdo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Abro los ojos y miro el reloj digital que parpadea en el tablero del autom\u00f3vil. Son la una cuarenta y tres de la ma\u00f1ana. Siento la boca pastosa y el cuello me duele. Al sentarme derecho y luego de destensar los hombros, noto que nos hemos detenido y que ni Maya ni Rosa est\u00e1n en sus asientos. El aire acondicionado sigue encendido, la puerta del conductor, abierta, permite que la calefacci\u00f3n se escape a la noche, y la radio solo recibe est\u00e1tica. A mi lado, Adri\u00e1n a\u00fan duerme, lo mismo que Cristian, en el asiento del copiloto. Uno de ellos dos ronca, pero a\u00fan no estoy tan despierto como para identificar cu\u00e1l. A estas alturas, ya deber\u00eda saberlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me arrastro con cuidado hasta llegar a la puerta del lado izquierdo. Abro y desciendo; cierro un poco m\u00e1s fuerte de lo que deber\u00eda. Ninguno de los otros dos pasajeros se percata.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ser madrugada, hace demasiado calor. Siento la piel pegajosa por la humedad del aire y por mi propio sudor, que comienza a manar en cuanto pongo un pie sobre la grava. Antes de hacer cualquier otra cosa, estiro los brazos hacia el cielo y sacudo las piernas un par de veces. Frente a m\u00ed, la carretera. Mientras muevo los m\u00fasculos, pasan al menos tres coches, uno de ellos con las luces altas. El aire ya no huele a caf\u00e9 ni al perfume de Rosa. Soy incapaz de decir cu\u00e1l es su aroma, solo s\u00e9 que es el propio de la madrugada. Estoy seguro de que si se lo digo a cualquier otra persona, \u00abel aire huele como la madrugada en una carretera\u00bb, sabr\u00e1 de qu\u00e9 hablo. Es de esas cosas que son en verdad universales, como mezclar Coca-Cola con ron o fumar un cigarro en un balc\u00f3n mientras se observa la calle. No recuerdo la \u00faltima vez que lo hice. O si alguna vez he fumado. O si he vivido en un lugar con balc\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Doy media vuelta y me lo encuentro. Es un edificio achaparrado del color de un durazno maduro. Tiene al menos dos plantas y, de este lado, ninguna ventana. Han colocado unos cuantos arbustos y palmeras frente a las fachadas. Las palmeras, como siempre, no importa d\u00f3nde est\u00e9s, lucen descuidadas; es su estado perp\u00e9tuo, con sus hojas apuntando hacia abajo. Son \u00e1rboles tristes que viven una vida triste cuando se les aparta de los lugares tropicales.<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre del motel, la promesa de los canales para adultos y el agua caliente no me emocionan en lo absoluto. Sin embargo, una cama para dormir y no el hombro de alguno de mis compa\u00f1eros de viaje despierta en mi interior un instinto primitivo. Esto debieron haber sentido los primeros seres capaces de caminar en dos piernas cuando se refugiaron en una cueva. Es como estar conectado con el pasado remoto. Volver a las ra\u00edces.<\/p>\n\n\n\n<p>Como a unos quinientos metros, alcanzo a ver una gasolinera y junto a ella, un minisuper. Me planteo caminar hacia all\u00e1. Podr\u00eda entrar en la tienda y, si la persona tras la caja registradora est\u00e1 distra\u00edda, tal vez sea capaz de sacar algo a escondidas. No estoy seguro de cu\u00e1nto dinero me queda en la tarjeta de d\u00e9bito y estoy guardando la de cr\u00e9dito para una verdadera emergencia. Como una cama de hotel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abDebe haber m\u00e1quinas expendedoras en el hotel.\u00bb Adem\u00e1s, mis habilidades de hurto son equiparables a la maestr\u00eda con la que toco cualquier instrumento musical: nulas. Enfilo mis pasos hacia el edificio junto a la carretera mientras silbo una canci\u00f3n que deb\u00ed haber escuchado en la radio durante mi turno al volante. El resto del viaje de hoy, me la pas\u00e9 durmiendo. Es de las pocas cosas que me quedan por hacer en el camino, al menos hasta que lleguemos a donde se supone que debemos llegar. Intento recordar d\u00f3nde queda ese lugar, pero me es imposible. Creo que Rosa lo mencion\u00f3 en alg\u00fan momento, o tal vez fue Cristian. Si Maya no hubiera lanzado el mapa por la ventana mientras pas\u00e1bamos por aquel puente, podr\u00eda revisarlo. Ese d\u00eda fue hace dos semanas y todav\u00eda nos faltaban dos mil kil\u00f3metros para completar el trayecto. \u00bfNo deber\u00edamos haber llegado ya?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Tienen que rentar dos habitaciones \u2015dice una voz \u00e1spera. Suena a que es la mil\u00e9sima vez que ha tenido que repetir estas palabras; no se trata solo de un conjunto de letras, sino de un mantra que gu\u00eda su manera de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin darme cuenta de c\u00f3mo di con ella, ya estoy en la recepci\u00f3n. Es una habitaci\u00f3n peque\u00f1a, de unos tres por cinco metros con un ventilador de techo que gira en lo que supongo que debe ser su velocidad m\u00e1s baja; parece que en cualquier momento va a dejar de moverse, lo observo. No. Sigue girando. Hay una vieja televisi\u00f3n sobre un librero colocado en una esquina. En ella est\u00e1n dando un infomercial sobre una m\u00e1quina de ejercicio; nunca me han gustado los infomerciales. Son demasiado repetitivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las paredes son anaranjadas, de un tono pastel que el tiempo no ha tratado muy bien. Hay repartidas unas cuantas sillas y mesitas de centro con revistas que la gente solo lee cuando no tiene nada m\u00e1s a la mano; me parece ver que en una de ellas, Rosa sonr\u00ede en la portada. No la tomo para comprobarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, un escritorio separa a Rosa y a Maya de una anciana de cabello pintado de morado; la luz amarillenta del cuarto le arranca destellos cobrizos al cabello casta\u00f1o claro de Rosa, mientras que es absorbida por la oscuridad del azabache de Maya. Mientras avanzo hacia ellas y el rostro de la mujer cobra nitidez, sus profundas arrugas me recuerdan a las grietas de la carretera. Hasta que me detengo junto a mis amigas es que noto el pesado aroma a tabaco que flota en el aire. En un cenicero sobre el escritorio hay dos cigarros a medio fumar todav\u00eda encendidos. Su humo se eleva con desgana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Pero no necesitamos tanto espacio \u2015replica Maya con su voz que no termina de cuadrar con su altura. A m\u00ed, me saca media cabeza; a Rosa la supera por una entera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSomos cinco personas, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1s pidiendo?\u00bb&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Para tantos, tiene que ser una habitaci\u00f3n doble o dos individuales \u2015dice la anciana\u2015. Ya hazle caso a tu amiga.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de la anciana, veo las llaves de las habitaciones colgadas. Esta noche, solo una de ellas est\u00e1 ocupada. De esa misma pared cuelgan unos cuantos p\u00f3sters de actividades que se pueden hacer en la ciudad m\u00e1s cercana, un horario y una hoja blanca impresa que dice: \u00abEl desayuno se sirve a las 7:00\u00bb.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015No pagar\u00e9 por dos habitaciones, ni por una m\u00e1s grande.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Yo puedo pagar la otra \u2015ofrece Rosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Y yo \u2015a\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>Rosa y Maya se voltean hacia m\u00ed. La anciana dirige sus ojos hacia un punto cercano a donde estoy de pie, sin alcanzar a centrar su vista. Me pregunto si le estar\u00e1 fallando; sus pupilas lucen normales, de un profundo caf\u00e9 oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfY Cristian y Adri\u00e1n? \u2015pregunta Maya.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Siguen durmiendo. \u00bfQuieres que pague una habitaci\u00f3n m\u00e1s?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015No la necesitamos \u2015vuelve a decir Maya, regresando su atenci\u00f3n a la anciana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Rosa suelta un suspiro que est\u00e1 a medio camino de convertirse en un bufido. De su bolso de piel negro saca una peque\u00f1a cartera blanca con un monograma que cualquier persona m\u00e1s versada en marcas podr\u00eda identificar. Yo solo alcanzo a reconocer que significa \u00abcost\u00e9 mucho dinero\u00bb. Rosa deja sobre el mostrador su tarjeta de cr\u00e9dito. Es negra y tiene peque\u00f1os n\u00fameros plateados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Dos habitaciones dobles, por favor \u2015pide Rosa\u2015. Deje la cuenta abierta. No sabemos cu\u00e1ntas noches nos quedaremos.<\/p>\n\n\n\n<p>La anciana se apresura a dejar caer su mano sobre el pedazo de pl\u00e1stico. El movimiento veloz de su extremidad me hace pensar en las trampas para osos y en que si pusiera mi mano entre ella y algo que desea, terminar\u00eda con la carne rasgada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfA qu\u00e9 te refieres con eso? \u2015Maya deja que su confusi\u00f3n se aprecie no solo en su rostro, sino tambi\u00e9n en la inflexi\u00f3n de sus palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015A que ya estoy cansada de la carretera. Qued\u00e9monos al menos dos o tres d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfEn d\u00f3nde? \u00bfEn este para\u00edso en medio de la nada?<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre del motel es Para\u00edso. En su logo hay una gaviota volando hacia un sol en el horizonte, rojo sobre blanco. Si quisieran, con ese t\u00edtulo e imagen, podr\u00edan expandirse como una cadena de lugares de retiro para adictos. Su eslogan podr\u00eda ser \u00abcada d\u00eda, un paso m\u00e1s cerca\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La anciana le entrega a Rosa un par de llaves y mi compa\u00f1era le agradece. Maya no vuelve a pronunciar palabra mientras vamos de vuelta al autom\u00f3vil, donde ni Cristian ni Adri\u00e1n parecen haberse percatado de que no est\u00e1bamos. Cuando subimos y arrancamos, para llevar el coche hacia dentro del hotel, ellos siguen sin despertar. Bajamos las maletas y nos dividimos los cuartos a la suerte, con n\u00fameros pares y nones. A m\u00ed me toca dormir con Rosa en una habitaci\u00f3n y a Maya le toca con los otros dos chicos. Ella se quedar\u00e1 una cama para ella sola, mientras que a ellos les tocar\u00e1 compartir. Ya no por suerte, sino por no haber ayudado con nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Despertamos a Cristian y a Adri\u00e1n y les explicamos c\u00f3mo pasaremos la noche. Ni siquiera se preocupan por replicar. Cuando les decimos el n\u00famero de la habitaci\u00f3n, suben la escalera de cemento, blanca y anaranjada, y desaparecen. Imagino que llegar\u00e1n y se lanzar\u00e1n sobre la cama para volver a su mundo de sue\u00f1os. Cristian es quien m\u00e1s condujo durante el d\u00eda, as\u00ed que debe estar cansado; Adri\u00e1n solo es perezoso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Rosa y yo hacemos lo nuestro. Le deseamos buenas noches a Maya y nos alejamos sin que responda. Cuando estamos dentro del cuarto, ambos nos dejamos caer en las camas. Rosa enciende la televisi\u00f3n y lo primero que escucho es su voz a trav\u00e9s del aparato, aunque no suena como ella. Adem\u00e1s de que habla en otro idioma, suena mucho m\u00e1s sugestiva que como lo hace en el d\u00eda a d\u00eda. La chica se apresura a cambiar de canal, sin comentar nada. Por lo que alcanc\u00e9 a ver, se trataba del anuncio de una fragancia de la misma marca que su cartera. Clavo mis ojos en ella y despu\u00e9s en el cuarto: el tapiz que recubre las paredes es verde oliva, con patrones de hojas y manzanas. Adem\u00e1s de las dos camas matrimoniales, hay un par de mesitas de noche y l\u00e1mparas junto a cada lecho; la televisi\u00f3n queda frente a la cama de Rosa, descansando sobre un mueble de madera maciza barnizada. Frente a la puerta que da al ba\u00f1o, hay un sof\u00e1 de una plaza de color amarillo pastel. El piso est\u00e1 alfombrado y del techo cuelga un ventilador igual al de la recepci\u00f3n que gira emitiendo un rechinido calmante. Las cortinas est\u00e1n abiertas, lo mismo que las ventanas con barrotes. El ambiente huele a humedad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015El desayuno se sirve a las siete \u2015digo. Mis temas de conversaci\u00f3n con Rosa suelen reducirse a lo superficial, lo que tenemos a la mano. S\u00e9 que si no tuvi\u00e9ramos la televisi\u00f3n, lo \u00fanico de lo que hablar\u00edamos antes de dormir ser\u00eda del decorado del cuarto, as\u00ed como alguna vez charlamos sobre el sabor de un chocolate caliente que se hab\u00eda comprado en una gasolinera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>Suspiro y razono que ser\u00e1 una noche larga. Ya no tengo sue\u00f1o y por la manera en la que Rosa cambia de canal casi con obsesi\u00f3n, parece que ella tampoco. Tiene el ce\u00f1o fruncido lo necesario como para que pueda adivinar que cualquier intento de platicar con ella terminar\u00e1 en respuestas secas. A menos que ella decida iniciar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Giro en la cama y abro uno de los cajones de la mesita de noche que est\u00e1 entre Rosa y yo. Encuentro un men\u00fa para pedir servicio a la habitaci\u00f3n y una biblia. Tomo ambos y me siento con la espalda apoyada en la cabecera de madera. Rosa acaba de encontrarse con la oferta de canales de pornograf\u00eda que aparec\u00edan promocionados en la fachada del motel. Yo abro el libro en una p\u00e1gina al azar y leo. De fondo, los gemidos. Parece que mi compa\u00f1era por fin decidi\u00f3 qu\u00e9 quiere ver.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLas riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte\u00bb, leo. Luego cambio de p\u00e1gina otra vez, dejando que la suerte decida. \u00abBusquen el bien y no el mal, y vivir\u00e1n; y as\u00ed estar\u00e1 con ustedes el Se\u00f1or Dios Todopoderoso, tal como ustedes lo afirman\u00bb. Una vez m\u00e1s: \u00abYo les he dicho estas cosas para que en m\u00ed hallen paz. En este mundo afrontar\u00e1n aflicciones, pero \u00a1an\u00edmense! Yo he vencido al mundo\u00bb. Cierro la biblia al mismo tiempo que Rosa apaga la televisi\u00f3n. Uso el men\u00fa para marcar la p\u00e1gina en la que le\u00ed la \u00faltima frase.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfQu\u00e9 haces? \u2015pregunta, volteando a verme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Buscaba palabras de sabidur\u00eda \u2015le digo, sin detectar un tono de sarcasmo en mi voz, a pesar de que intent\u00e9 ponerlo all\u00ed. Supongo que respeto la religi\u00f3n m\u00e1s de lo que yo mismo cre\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Rosa extiende su mano y yo le entrego la biblia. Tiene manos delgadas y delicadas, de piel ligeramente bronceada. Abre el libro y me fijo en c\u00f3mo mueve los labios, leyendo en silencio. Cualquier persona que la viera, pensar\u00eda que es muy guapa, con sus facciones afiladas, sus grandes ojos casta\u00f1os claros y su cuerpo delgado con solo la cantidad suficiente de curvas, nada exuberante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00abNo digo esto porque est\u00e9 necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situaci\u00f3n en que me encuentre\u00bb \u2015lee Rosa en voz alta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfCrees que te queda? \u2015pregunto. Cruzo mis manos sobre mi pecho y dirijo mi vista hacia el techo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015No. \u00bfT\u00fa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Tampoco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015A ver, esta es para ti. \u2015Rosa pasa las p\u00e1ginas al azar, detiene un punto y lee con una voz diferente a la de siempre, distinta a la del comercial y nada similar a aquella que us\u00f3 al recitar las palabras que le tocaron a ella\u2015: \u00abConf\u00edo en Dios y alabo su palabra; conf\u00edo en Dios y no siento miedo. \u00bfQu\u00e9 puede hacerme un simple mortal?\u00bb. \u00bfTe sientes as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Niego moviendo la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Tengo miedo la mayor parte del tiempo y no s\u00e9 si Dios pueda salvarme cuando alguien me est\u00e9 apuntando con un arma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Claro que no lo har\u00e1 si piensas de ese modo. \u2015Rosa cierra la biblia y se da la vuelta, d\u00e1ndome la espalda. No parece tener intenciones de cambiarse de ropa\u2015. De todos modos, hay que estar preparados por si no aparece.<\/p>\n\n\n\n<p>Como no hay reloj en la habitaci\u00f3n, no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo ha pasado desde que llegamos hasta que me levanto y me acerco a mi maleta. Saco unas cuantas prendas y entro al ba\u00f1o. Abro la regadera. Espero a que el agua se caliente observando c\u00f3mo el espejo se cubre por una pel\u00edcula blanquecina hasta que ya ni siquiera puedo verme reflejado en \u00e9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es un ba\u00f1o t\u00edpico de hotel de carretera: azulejos blancos, un retrete, lavamanos con espejo rectangular con algunas manchas y una regadera con tina, tina que no usar\u00eda ni aunque me ofrecieran una noche gratis. Quiz\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Entro bajo el agua, que est\u00e1 m\u00e1s tibia de lo que esperaba. Dejo que las gotas resbalen por mi cuerpo mientras intento recordar hacia d\u00f3nde se supone que vamos. El pueblo m\u00e1s cercano al motel est\u00e1 a diez kil\u00f3metros, de acuerdo a un letrero que vi en la carretera. Si ese fuera nuestro destino, dudo que Maya se hubiera detenido tan cerca. Nunca se detiene cuando las cosas est\u00e1n al alcance de su mano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Contin\u00fao explorando mi mente, intentando dar con alg\u00fan mueble polvoriento en donde haya metido la respuesta que busco. Reviso varios cajones imaginarios y la mayor\u00eda est\u00e1n vac\u00edos. Solo hay una caja que soy incapaz de abrir, porque no s\u00e9 d\u00f3nde puse la llave. Regreso la caja a su lugar, seguro de que dentro no se esconde nuestro destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Termino de ba\u00f1arme, me visto y salgo del ba\u00f1o. Rosa est\u00e1 dormida. Deber\u00eda hacer lo mismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando me contaron sobre el concepto de los Espacios Liminales, qued\u00e9 encantado. No sab\u00eda que, durante toda mi vida, hab\u00eda perseguido esos lugares. 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