Hoy quiero hablar de un autor en particular; a lo largo de mi vida, son pocas las ocasiones en las que me he obsesionado con un escritor o escritora como para querer leer varios de sus libros seguidos. No una saga en particular, sino sumergirme en su narrativa porque hay algo en su estilo que me atrapa. Me sucedió con Haruki Murakami, me pasa con Brandon Sandersonª y me acaba de suceder con Andy Weir, el escritor de ciencia ficción que irrumpió en el género en el año 2011 con su novela «El Marciano».
De manera estricta, Weir tiene publicadas tres novelas: la ya mencionada «El Marciano» (2011), «Artemisa» (2017) y «Proyecto Hail Mary» (2021), todas y cada una repletas de datos científicos y personajes principales que interactúan con su entorno a través de la comedia.
Andy es la definición de «escribe sobre lo que sabes»; su padre era físico y su madre ingeniera eléctrica. Aunque se divorciaron cuando él tenía 8 años, su mente se siguió nutriendo de la obra de Isaac Asimov o Arthur C. Clarke —al menos eso dice Wikipedia. Estudió y no se graduó, pero se dedicó a ser programador de computadoras —incluso formó parte de la malvada e infame Blizzard; recuerda que odiamos a Blizzard.
Weir comenzó a meterse a eso de las novelas durante sus veintes y, siendo un hombre de tecnología, arrancó en el Internet, subiendo sus escritos. Su primera gran historia, «El Marciano», fue serializada en su sitio web hasta que sus fanáticos le pidieron que la pusiera disponible en Amazon Kindle; como todo buen autor que se autopublica, Andy decidió vender su trabajo por 99 centavos de dólar. Su obra, tan científicamente exacta como le era posible —si ya la leíste, sabes de qué hablo—, llegó a la lista de los más vendidos y fue así como se le apareció un agente literario. El resto es lo de siempre: lo ficharon porque les encantó, lo imprimieron y vendió muchísimo.
La segunda novela de Weir, quien ya había conquistado a los lectores, al menos de acuerdo a la conocida lista de Best Sellers del New York Times, no fue exactamente lo que la gente esperaba: pasamos de «El Marciano», la aventura de un astronauta solitario abandonado en Marte que resuelve todo con su agudo ingenio, a «Artemisa» y Jazz, una contrabandista en la primera ciudad de la Luna. Es claramente más ficticia, pero, si me preguntas, es también una historia mucho más divertida y aventurera que su primer libro publicado —aunque el diverso uso de puntos de vista en «El Marciano» es un recurso increíble que le da muchísima emoción a la obra.
«El Marciano» llegó a ser una película y se planeaba que «Artemisa» también lo fuera; esta cinta sería dirigida por Phil Lord y Chris Miller, pero, por desgracia, la pobre recepción del libro hizo que el proyecto se detuviera. Aunque, hace poco, los directores dijeron que existe un buen guion para «Artemisa» y que, supuestamente, lo que los había detenido —trabajar una historia que sucede en la luna con 1/6 de la gravedad de la Tierra— ya ha sido resuelto, entonces quizá veamos a Jazz en el cine dentro de unos cuantos años.
Esto nos lleva hasta la novela que detonó mis ganas de leer más de Weir: «Proyecto Hail Mary». Primero supe de la película y me entraron muchas ganas de conocer la historia; la leí y me fascinó, tanto por la parte científica como por la capacidad de Andy para hacer una historia entretenida con «elementos reducidos» —pocos personajes, un solo espacio (más o menos)— y, claro que sí, la fascinante idea de un primer contacto con vida de otros planetas.
Para la adaptación cinematográfica de «Hail Mary», Phil Lord y Chris Miller se pusieron en la dirección e hicieron una pieza hermosa, una carta de amor al arte de hacer cine y a la ciencia ficción. Pero esto no es para hablar sobre la versión audiovisual, para eso ya está mi fallido video en TikTok e Instagram.
Desde que era adolescente he sentido una fascinación por el espacio, por lo que sea que hay allá afuera; aunque soy más lector de fantasía, me encanta ver películas de ciencia ficción —poco me había acercado a este género en la literatura. Había leído uno que otro por aquí y por allá, pero no soy fiel seguidor de Asimov y ese círculo de nerds. Tal vez debería, pero… ajá. Algún día leeré «La Guía», Kobeh.
El caso es que después de leer «Proyecto Hail Mary», quise meterme más en su narrativa y encontré un mundo ligero, de personajes principales bonachones, muy listos y a la vez bastante aterrizados —algo tontos—, atrapados en situaciones en las que no les gustaría estar, pero que pueden resolver.
Las novelas de Weir, después de leer esas tres ya publicadas en forma, se sienten como un espacio seguro en el que, a pesar de que las cosas puedan salir mal —van a salir mal—, habrá un final satisfactorio; la maravilla del espacio y de la humanidad está plasmada con facilidad y un hilado de situaciones que te motivan a seguir leyendo.
Esta entrada no es un ensayo profundo sobre las características de su obra —que sí hay muchos elementos identificables, como eso que mencioné de que sus personajes principales terminan en situaciones en las que definitivamente no deberían estar metidos o una pluralidad de culturas que intervienen en las tramas—, sino más bien una recomendación nacida desde lo emocionado que estoy: Andy Weir y sus tres novelas son un tesoro para las personas a las que les gusta mirar el cielo, a las estrellas, y soñar con lo que podría pasar allá arriba.
ª Escribo esto en el celular y no puedo poner rápido con el teclado el subíndice del número uno, entonces estoy haciendo mi acotación con esta “ª”. Técnicamente las historias de Brandon Sanderson son parte de una «saga», pero como escribe libros autoconclusivos, lo pongo en este conteo.
