Cuando nos enfrentamos a una vida en la que nuestra pasión no es el motor principal de nuestra existencia —en otras palabras: que no nos dedicamos a lo que sentimos que es nuestra vocación—, hay varios caminos a seguir. Dos, en particular, son: rendirse ante la corriente y dejar que nos arrastre, abandonando el sueño de lo que queremos lograr; o también podemos poner de nuestra parte para hacer, aunque sea por un rato, eso que nos mueve.
Por ejemplo, si tu sueño es hacer fotografía pero estás en un trabajo administrativo, puedes rendirte ante el camino en el que estás, abandonar y verte a ti mismo como una persona administrativa. Empero, también tienes la posibilidad de practicar en tus horas libres y fines de semana, si es lo que de verdad te mueve. Hace poco, Nady me contó que el comediante Lucho Mellera hizo esto segundo: estando en un trabajo de oficina, le hicieron notar que era gracioso y de ingenio agudo. Por las noches, daba shows de stand-up y por las mañanas iba a al trabajo «que lo mantenía». Con el tiempo, su pasatiempo pudo sostenerlo y el resto es historia. El próximo show de su gira es en París.
Antier en la noche, Select me hizo unas cuantas preguntas sobre iluminación para un video que quería –¿quiere?— grabar. No estoy seguro de haberme explicado bien —no soy bueno para dar a entender cosas, por eso no soy profesor—, pero tener una pequeña charla sobre luz me hizo recordar cuánto me gusta ese aspecto del video. La luz es una cosa tremenda que puede cambiar de manera exponencial cómo sentimos lo que vemos en pantalla. La luz es un lenguaje hermoso que no necesita mucho para ser entendido —si se hace bien.
El caso es que esa charla me hizo recordar la pasión que siento por poner un par de lámparas y conseguir que algo se vea bonito —no siempre lo consigo, ya que tampoco soy un experto en ello, ni estoy cerca de serlo.
Como quizá ya sepas, si te has pasado por mi blog más de una vez, o si eres mi amigo, conocido o yo qué sé, ahora mismo soy el «editor de contenido» de una revista independiente de moda y arte —no, tampoco estoy seguro de cómo llegué allí. El caso es que tengo unas cuantas varias funciones, entre ellas, hacer video —trabajo que se va rotando con Mike y La Danisela. Aunque me gusta mucho esta parte, en el caso de las sesiones de fotos editoriales, dista de ser el escenario ideal para practicar el uso de la luz. Por diversas razones. Una de las principales es que, muchas veces, vas contra reloj y tu parte del trabajo puede verse recortada para darle prioridad a la fotografía. Gajes del oficio.
¿A qué va esta explicación letárgica? A decir que yo soy del primer tipo de persona del que hablé al principio de esta entrada: si no estoy haciendo, en mi trabajo principal, lo que me gusta, no lo haré en mi tiempo libre. Cuando salgo de la oficina estoy cansado y lo que quiero es poner el cerebro en modo automático, ver algo en algún servicio de streaming o jugar algún videojuego. Dedicarme al ocio. Por desgracia, jugar con luces y grabar «algo» no entra del todo en la categoría de lo que harías cuando estás «perdiendo el tiempo».
Lo más cerca que he estado de poner en práctica mi pasión —fuera del trabajo— fue hace un par de meses, cuando le grabé a Select el video musical de su canción “AL DENTE”. Fue un proceso largo y pesado para mi mente, pues la pereza tuvo que luchar contra la emoción de hacer algo fuera de lo común, algo que requería un esfuerzo extra.
Y, sí, en teoría fue «un trabajo pagado» —pedí “Monster Hunter Wilds” a cambio de mis servicios, porque me siento más cómodo cobrándole así a mis amigos—, sin embargo, lo hice por el hecho de que sonaba divertido. De hacer algo, en muchos años, por pasarla bien siendo «creativo».
Hablando en particular de trabajar en algo que no se alinea con tu vocación, ¿tú de qué tipo de persona eres? ¿Te dejas llevar por la corriente o te das un momento para hacer lo que te mueve por dentro? ¿Cómo te sientes con ello?
La pregunta de Select sobre luz me hizo recordar que, de vez en cuando, me llegan rachas en las que grabo pequeños momentos del día a día que se sienten bonitos y los pongo en mi cuenta de Instagram. En los últimos meses no he podido hacerlo, y aunque no considero que eso sea, tal cual, darme el tiempo de practicar mi pasión, al menos es una manera de recordarme a mí mismo lo que me gusta. Y considero que eso es importante en estas situaciones: recordar. Obligar a nuestro cerebro —en mi caso, uno con TDAH y depresión— a ser consciente de que hay más que hacer. Que hay maneras de encontrar el tiempo. O la energía. Solo es cuestión de dar un empujoncito, de ejercer presión sobre esos hilos invisibles que retienen manos que ya no funcionan igual. Aunque podrían hacerlo.
De cierto modo, este blog, A La Deriva, es esa manera que tengo de no olvidar que me gusta juntar palabras e intentar darles un sentido.